Opiniones


RESEÑA LITERARIO: ¡Sólo Ella os puede ayudar! Las fuerzas
del mal están dirigiendo al Mundo hacia la Guerra: James Hanisch
(Good Counsel Publications en asociación con the Fatima Consecration Crusade)

Por el Dr. Paul Lavin, Ph.D

Este breve libro de 120 páginas escrito por James Hanisch y editado por Fátima Center del Padre Nicholas Gruner es otra joya erudita de fácil lectura empaquetada con hechos. Mi primer pensamiento mientras examinaba sus contenidos fue la afirmación hecha en 1917 por el Senador Hiram Johnson: “La primera víctima de la guerra es la verdad”. Me ha sorprendido mucho cuando el Sr. Hanisch citó esta afirmación en la página 58 (nota al pie de la página  Nº 120) con referencia al libro de Philip Knightly titulado The First Casualty: The War Correspondent As Hero, Propagandist, and Myth Maker. La primera víctima: El periodista de guerra como héroe, propagandista, y fabricador de mitos. Hanisch describe la obra de Knightly como una fuente “magistral”, identificando aquellos manejos diabólicos usados por agencias gubernamentales para destruir a sus adversarios.

El libro del Sr. Hanisch trata sobre la verdad y sobre cómo aquellos que están en el poder manejan y falsean los hechos para justificar las atroces guerras sin fin que atormentan a cada generación. El uso astuto de la palabra hablada y escrita, la supresión de información, y las mentiras descaradas empleadas para provocar una “fiebre de guerra” están claramente presentados y ampliamente documentados. El Sr. Hanisch se concentra particularmente en el recientemente abatido avión malasio el 17 de julio de 2014, muriendo todos los 298 civiles a bordo. La organización de este incidente y cómo fue el medio para crear y acelerar el conflicto entre los poderes de la OTAN, Rusia, e Ucrania se descrita detalladamente, así como la participación de nuestro propio gobierno en esta operación clandestina. Otras espadas-desenvainadas de reciente fabricación son analizadas y discutidas en detalle, tales como la pretensión de que Irak poseía armas de destrucción masiva; la contención errónea de que el Presidente Assad de Siria atacó una aldea siria con gas sarín; y el bombardeo de Yugoslavia por la OTAN a causa de la matanza ficticia en Kosovo.

Hanisch no sólo se concentra en acontecimientos de engaños y mentiras actuales de los gobiernos y que conducen a la guerra, sino que señala que esto ha sido continuamente la norma a seguir a lo largo del curso la historia humana. Cita ejemplos pasados como la guerra contra México en 1846; el hundimiento misterioso del buque de batalla, el Maine, que condujo a la guerra española-americana en 1898; los secretos escondidos que rodean el ataque de sorpresa japonés en Pearl Harbor; La Operación Northwoods, ideada para provocar una guerra contra Cuba; y el incidente ficticio del Golfo de Tonkin, que nos condujo a la participación en Vietnam con el consecuente asesinato de más de 55.000 de nuestros hombres.

Aunque Hanisch primariamente se concentra en los acontecimientos históricos estadounidenses, señala que no ha sido un sólo gobierno el que ha tenido el monopolio en fomentar guerras. Por ejemplo, una descripción se presenta del “Incidente Gleiwitz” y cómo la Alemania nazi lo había hecho y lo utilizó como una excusa para invadir Polonia. Este relato detallado es sumamente impresionante documentando cómo los males del “control de percepción” pueden ponerse en práctica. “El Incidente Gleiwitz” es un ejemplo clásico, que claramente enseña que la “teoría de la conspiración” no es un disparate inventado que a algunos les gustaría hacernos creer. Por lo contrario, sí, en la vida real, existen conspiradores malvados. Son astutos y despiadados, y usan cualesquier medios necesarios para lograr sus objetivos. 

Debe de notarse que James Hanisch se presenta a sí mismo como un verdadero patriota que sinceramente no se complace en señalar esas “manchas negras” que ensucian la historia de nuestra nación. Sin embargo, por nuestra supervivencia y prosperidad, resalta que es esencial que demos nuestra más alta prioridad al hecho de reconocer con honestidad estas “manchas negras”, a arrepentirnos, y hacer reparación por ellas. Hanisch continúa citando la proclamación emitida por el Presidente Abraham Lincoln designando un Día Nacional de Ayuno (1863) para hacer restitución por lo que Lincoln llamó “nuestros pecados nacionales” como un ejemplo de cómo podría emprenderse este tipo de tarea.

Para mí, esta proclamación, que yo no conocía, fue el aspecto más notable de la 1ª parte del libro de Sr. Hanisch. El estar rodeados y golpeados por los males tanto del pasado como del presente puede dejarnos con sentimientos de desánimo y de desesperación en nuestro mundo que, según parece, se ha vuelto loco. Pero fíjense, lo que aparece en medio de este agujero negro es un rayo de luz – la “Proclamación de la designación de un Día de Ayuno Nacional del 30 de Abril de 1863” Esta proclamación que inspira y alienta nos recuerda que hay (o por lo menos, había) políticos con principios que ponen la verdad por delante y hacen lo que es correcto por nuestra nación. Este documento, que merece la pena ser leído en su integridad, es como sigue:

“Por el Presidente de los Estados Unidos de América, Una Proclamación.

“Visto que el Senado de los Estados Unidos, reconociendo devotamente la autoridad suprema y justa del gobierno de Dios Todopoderoso, en todos los asuntos de los hombres y de las naciones, por decreto, ha peticionado al Presidente designar y apartar un día para la oración y humillación nacional.

“Y visto que es el deber tanto de las naciones como de los hombres, depender del poder soberano de Dios, confesar sus pecados y transgresiones con dolor humilde, pero también con la esperanza segura de que el arrepentimiento genuino conducirá a la misericordia y al perdón; y reconociendo la verdad sublime, anunciada en las Sagradas Escrituras y comprobada por toda la historia, que solamente son bendecidas aquellas naciones cuyo Dios es el Señor.

“Y hasta tal punto que sepamos, por su ley divina, tanto naciones como individuos están sujetos a la punición y castigos en este mundo y por eso justamente tememos: ¿puede ser que la calamidad atroz de la guerra civil, que ahora asola la tierra, sea un castigo infligido sobre nosotros por nuestros pecados presuntuosos con el fin de nuestra reforma nacional como un Pueblo íntegro?  Hemos sido beneficiarios de las bendiciones más abundantes del Cielo. Hemos sido conservados, durante muchos años, en la paz y prosperidad. Hemos crecido en número, riqueza y poder sin igual más que cualquier otra nación. Pero hemos olvidado a Dios. Hemos olvidado la mano de la gracia que nos preservó en la paz, nos multiplicó, enriqueció, y fortaleció; y hemos imaginado vana y engañosamente en nuestros corazones, que todas estas bendiciones son el producto de alguna sabiduría y virtud propia. ¡Intoxicados con un éxito sin interrupción, nos hemos vuelto demasiado auto-suficientes para sentir la necesitad de la gracia redentora y que nos preserva, demasiado orgullosos de rezar al Dios que nos creó!

“Nos compete entonces, humillarnos ante el Poder ofendido, confesar nuestros pecados nacionales, y rezar pidiendo clemencia y perdón.

“Ahora, por tanto,  para cumplir con esta petición, y plenamente en correspondencia con los sentimientos del Senado, por mi proclamación, designo y aparto el Jueves trigésimo día de abril de 1863 como un día de humillación, ayuno y oración nacional. Y pido a todo el Pueblo, en ese día, abstenerse de sus negocios seglares ordinarios, y reunirse, en sus lugares de culto público y en sus hogares respectivos, guardando el día santo al Señor, y dedicándose al descargo de los deberes religiosos adecuados a esa ocasión solemne.

“Habiendo hecho todo esto, con sinceridad y verdad, descansemos humildemente en la esperanza, autorizada por las enseñanzas divinas, de que la petición unida de la Nación sea escuchada por el Altísimo, y contestada con bendiciones no menos que con el perdón de nuestros pecados nacionales, y la restauración de nuestro ahora dividido y afligido País a su condición anterior de unidad y paz.

“En fe de lo cual, suscribo la presente y sea puesto el sello de los Estados Unidos.

“Hecho en la Ciudad de Washington, este trigésimo día de marzo en el año de Nuestro Señor mil ochocientos sesenta y tres y el 87º de la independencia de los Estados Unidos.

“Por el Presidente Abraham Lincoln”

Cuán diferente ha llegado a ser el clima moral desde que Lincoln emitió esta Proclamación. El aborto es ahora la ley de la tierra; la unión de parejas del mismo sexo se ha “legalizado” en muchos estados; la cohabitación es común; y Dios y Sus mandamientos han sido expulsados de todos nuestros tribunales y escuelas y a lo largo y ancho de nuestra sociedad cada vez más secular. Nuestros “pecados nacionales” se han hecho más que abundantes. ¿Podemos imaginar cualesquier de nuestros Presidentes recientes iniciando y pronunciando una tal proclamación tal y como Lincoln hizo en 1863? ¿Podemos imaginar a Barack Obama, a George W. Bush, o a William Jefferson Clinton declarando un día de ayuno nacional, rogando a Nuestro Señor que nos perdone nuestros “pecados nacionales” de presunción, arrogancia, y la violación deliberada y flagrante de Sus leyes? La contestación a estas preguntas es obvia para aquellos que toman en serio a Nuestro Señor y Sus enseñanzas. Los secularistas simplemente descartarían preguntas tales como frívolas e irrelevantes. La existencia de “pecados nacionales” y la procura del perdón de Dios por ellos lo considerarían bobo, arcaico, y ajeno a nuestros tiempos modernos mucho más iluminados.

A la vez que Hanisch enfoca más mentiras imprudentes, propaganda transparente, y otros sucios ardides usados para fomentar la “fiebre de guerra”, emplea algunas páginas en explicar la “Doctrina Bush” y cómo esto ha aumentado significativamente la amenaza de un holocausto nuclear. La Doctrina Bush, enunciada en 2002, ha dado al Presidente la autoridad de atacar primero usando armas nucleares contra cualquier nación que sea vista como potencialmente peligrosa para el pueblo americano o para nuestro interés nacional. En otros términos, si una nación es percibida como una amenaza hostil, las fuerzas armadas podrían ser instruidas a iniciar un primer ataque nuclear, con el propósito de que sería para destruir complemente a aquellos que son percibidos como el enemigo y con eso, eliminar totalmente su capacidad de tomar represalias.

Antes de la emisión de la “Doctrina Bush”, lo de atacar primero no se consideraba aceptable, aunque el otro país estuviese visto como potencialmente peligroso. La única justificación para atacar a otra nación sería si esa otra nación atacase primero. Por otra parte, prevalecía el criterio de que las armas nucleares sólo deben ser usadas para propósitos defensivos y no ofensivos. Esto ha mantenido restringido el uso de tales armas durante los últimos 60 o más años. Sin embargo, con el advenimiento de la “Doctrina Bush”, las restricciones ya no existen. No sólo podría permitirse los ataques con derecho preferente, sino también podría ser autorizado el uso total del poder del fuego nuclear. Estos cambios sólo pueden aumentar la volatilidad actual de nuestra situación. Que se Justifique un primer ataque preventivo cuándo y dónde es necesario es algo ambiguo, incierto, y provocador de ansiedad. Tal presión puede conducir a una vigilancia excesiva, a una exagerada reacción emocional, la percepción errada, y al juicio oscurecido. La creación de un clima tan político sólo puede exacerbar una situación ya potencialmente peligrosa. Esto podría rápidamente acelerar hacia el desencadenamiento del uso de armas nucleares que verdaderamente conducirán a la “destrucción masiva”.

Hanisch continúa por resaltar que no habrá ganadores una vez que las armas nucleares sean desencadenadas. Cita el trabajo de Steven Starr afirmando que las “teorías de la ‘guerra nuclear limitada’ y la ‘disminución nuclear’ no son realistas”. Pensar de otro modo es lo que Hanisch llama las “ilusiones humanas”. Explicaciones detalladas se discuten sobre los efectos horripilantes de la destrucción nuclear sobre el planeta y la gente que lo habita. Hay un antiguo dicho que cuenta “Una imagen tiene el valor de mil palabras”. En la página 47, una fotografía a color del cuerpo de un niño quemado es un recordatorio vivo de cuán terrible pueden ser las quemaduras radioactivas.

Con la conclusión de la Iª Parte, Hanisch continúa explicando en detalle “la única solución” para evitar la guerra nuclear y establecer la paz en todo el mundo. Esta única solución empezó cuando Nuestra Señora se apareció por primera vez en 1917 a Sor Lucía, Jacinta, y Francisco, los tres videntes de Fátima. Fue en ese entonces que Nuestra Señora anunció primero, “Dios quiere establecer en el mundo la devoción a Mi Inmaculado Corazón”. Doce años después, el 13 de julio de 1929, Nuestra Señora reveló a Sor Lucía que Cristo Rey había ordenado que la Consagración de Rusia, por el Papa junto con todos los obispos del mundo, sería el medio para llevarla a cabo. Nuestro Señor prometió que Rusia sería convertida y la paz seguiría. Si el Papa y los obispos no atienden a su mandato, sin embargo, castigos fatídicos, que conducirán a mucho sufrimiento y a la aniquilación de las naciones serían infligidos sobre el mundo. Nuestra Señora también reveló que no habría alguna otra alternativa para evitar las guerras venideras. Ella afirmó enfáticamente, “sin esta consagración, Rusia no puede convertirse, ni tendrá el mundo la paz”.

Casi 100 años han pasado desde la primera vez que Nuestra Señora se apareció en Fátima. Ochenta y cinco años han pasado desde la fecha en que Nuestro Señor mandó la inmediata consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de Su Madre. A pesar de repetidos avisos, al Mensaje de Fátima se le sigue haciendo caso omiso. Hanisch documenta las tácticas nefastas que han sido usadas por la jerarquía eclesiástica para impedir que la simple petición de Nuestro Señor jamás sea atendida. La cita de Hiram Johnson, “la primera víctima de la guerra es la verdad” ciertamente es aplicable a nuestra continua batalla contra el Príncipe de las Tinieblas y contra aquellos “idiotas útiles” que lo siguen.

Hanisch concluye su libro señalando que la III Guerra Mundial podría estar muy próxima, si continuamos haciendo negocios como de costumbre. Como el Rey de Francia, que hizo caso omiso a las peticiones de Nuestro Señor de consagrar Francia a su Sagrado Corazón, nuestro mundo dentro de poco podría llegar a un triste fin. El Rey Luis XVI fue públicamente ejecutado por sus propios súbditos 100 años después, hasta la fecha, en que Nuestro Señor, por intercesión de Santa Margarita María de Alacoque, pidió por primera vez que Francia fuese consagrada al Sagrado Corazón de Jesús. Hace poco hemos empezado el nuevo año, 2015. Casi un siglo ha pasado desde que Nuestra Señora se apareció en Fátima, avisándonos sobre un desastre inminente. El año 2017 está apenas a algunos pocos años cortos en el futuro. ¿Podría caer sobre nuestra nación la misma suerte? ¿O nos hemos llegado a empapar tanto en la corrupción que somos demasiado torpes para atender el aviso de Nuestra Señora? El tiempo nos lo dirá dentro de poco.

Finalmente, Sr. Hanisch ha dedicado su libro tan bien escrito y documentado a “a todos los hombres de buena voluntad que están dispuestos a defender, abrazar y promover la verdad del Mensaje de Nuestra Señora de Fátima”. Dedica en modo especial su trabajo a aquellos a quienes refiere como “almas valientes” – aquellos que no sólo desean hablar francamente, sino también trabajar con diligencia para cumplir Sus peticiones. Como el título del libro de Sr. Hanisch enfáticamente afirma, ¡“Sólo Ella (nuestra Santísima Madre) nos puede ayudar”! 

Nuestra Señora de Fátima ruega por nosotros.